JIRONES subURBANOS

3/abr/19

Hoy he sacado tres libros sobre jardines y parques: «Storia del giardino europeo», «Jardines, del Clasicismo y el Romanticismo» y «On site». Así llevo varias semanas. Me ronda la idea de proyectar un jardín, un espacio público ajardinado.

El edificio Vallecas 20 se alza por encima de la cota del PAU para ceder terreno. Aquella idea de Le Corbusier de liberar el suelo construyendo en altura: la Ville Radieuse

Desde la primera visita al Ensanche de Vallecas y en cada una de ellas, con la recopilación de planos, con las derivas fotográficas y la vivencia de las acciones que hemos ido desarrollando, cada vez me he ido sintiendo más como en casa, apropiándome del paisaje y reconociéndolo como mío, como el de mi niñez y el de toda la vida. En el Ensanche uno ve cómo la ciudad va colonizando el campo. Un campo similar al de mi pueblo. Una villa, la de Vallecas, similar a mi pueblo.

Cuando hacía referencia al Quijote, a ese lugar de La Mancha, perdido en el mundo, tan cerca, tan aquí al lado, y tan lejos por «poco interesante, por despreciable» me daba cuenta de que en un lugar de Vallecas era lo mismo, el lugar perdido, donde nada ocurre, salvo en la calenturienta mente de un Cervantes – que ahora pienso desgarrado por dentro habiéndose dejado el alma y la vida por su patria, preso, manco, y a pesar de ello perseguido, desprestigiado, encarcelado y excomulgado. ¡Cuan cara eres de haber, oh dulce España! ponía en boca de un cautivo como él en los Baños de Árgel, y la utilizaba Alberti en su discurso por el premio Cervantes.

Vallecas, el Ensanche, nuestro sitio, es ese lugar perdido, con ese carácter de lo pasajero, de lo que ni ha llegado a ser lo proyectado, ni ha dejado de ser lo que era, campo, puro y duro, donde se siembran cereales y se cazan conejos o perdices, llanura y monte bajo.

Y buscando por todas partes del mundo un modelo de parque que encajase, aunque fuese con calzador, en ese entorno.

Cada verano paso algunas semanas en mi pueblo. Y cuando las noches se vuelven algo más aburridas de lo normal, vamos a la muy Heroica y Leal Ciudad de Valdepeñas. Con amigos y familiares disfrutamos de esas terrazas que han montado en la Veguilla, famosa para los viejos del lugar, entre los que me cuento, por aquella riada que se llevó por delante bodegas y casas de tapial, de la mismísima época de Don Quijote.

Y allí estaba el modelo. Parque lineal El Quijote. Patrocinado o promovido por la Confederación Hidrográfica o la cuenca hidrográfica del Guadiana, o la entidad que responda de la Veguilla, ese desagüe de la ciudad para las eventuales riadas.

Mi proyecto va a ser adaptar elementos de ese parque al terreno que deja libre el edificio de Vallecas y, dando un salto, a la avenida, la Gran vía del sur, lo que hemos dado en llamar el Circo Massimo.

Un proyecto que consiste en aprovechar las condiciones naturales del lugar, la vegetación autóctona o la que ha arraigado de forma natural, y complementarla con la necesaria, y con los pasos necesarios, y las pequeñas arquitecturas, sendas, pasarelas, etc. que hagan habitable el lugar, realzando su carácter descuidado, como dejado de la mano de Dios, y poniendo en valor ese contraste entre lo selvático, como la esquina (arriba a la derecha, junto al Sena) del parque André Cirtoën en Paris, de Alain Provost y Gilles Clement, y lo perfectamente construido por arquitectos como María Hurtado de Mendoza y el equipo de entresitio, o el resto del parque de la fábrica de los coches.

Se trata de un proyecto de espacio público urbano que expone lo abandonado, el descampado y casi lo rural, como elementos principales de la escena. Un proyecto con vocación efímera y reutilizable. Sus elementos, pasarelas, pérgolas, quioscos, bancos, miradores, etc. así como pequeñas plantaciones complementarias, serán diseñados de tal modo que puedan desmontarse y trasladarse, para configurar nuevas escenas en espacios abandonados, según avance la urbanización proyectada de viales y edificios.

El objetivo es configurar espacios habitables en esos retazos que han sido despojados de su condición de campo, pero aún no han sido tratados como espacio urbano construido. Colonizar temporalmente los solares descampados, convertirlos en lo atractivo, y no lo despreciable, de las zonas en proceso de consolidación.

Crear lugares que se añoren una vez destruidos.

Un nombre para estos microproyectos : retales o jirones suburbanos.


¿O fronterizos, limítrofes, suburbiales, vecinales, periféricos…? No logro dar con la palabra que exprese la situación de esos trozos de ciudad que han quedado congelados por tiempo incierto, sine die, hasta que se reanude lo proyectado o por proyectar sobre ellos. Sí, son jirones desgarrados de la ciudad, en medio de ella, como descosidos. Esa labor de coserlos al resto, de valorarlos, dignificarlos, de tratarlos con mimo para que no sean despojos, sobrantes, espacios basura que esperan un futuro mejor, como calle, parque, dotación o edificio, pero que no son nada, nada más que descampados que nadie transita, que acumulan basura y en el mejor de los casos acogen a algún indigente sin techo.

¿Jirones vallecanos, ya que es aquí donde voy a empezar a tratarlos? A tratarlos con respeto, para que se sientan dignos de pertenecer al común de la ciudad, dignos para alojar vida ciudadana manteniendo su propia esencia provisional y en cierto modo agreste. Pues me gusta. Suena como a Bachianas brasileiras de Heitor Villa-Lobos: aria de Jirones vallecanos nº 5, llego tarde para que sea en la voz de Victoría de los Ángeles, pues en la de Ainhoa Arteta entonces, memorable.


NOTA: Puesto a investigar sobre la etimología y el concepto, encuentro que en Perú existen los jirones como referencia de la ciudad.

«En Perú, los jirones son vías urbanas de poca extensión, formadas por sectores entre esquinas o por algunas calles. Por lo general son tramos peatonales. El Jirón de la Unión, por citar un caso, se encuentra en el centro histórico de la ciudad de Lima. El jirón Áncash, el jirón Amazonas el jirón Junín y el jirón Gamarra son otros jirones peruanos.»


        RIMA LXVI

¿De dónde vengo?… El más horrible y áspero 
de los senderos busca; 
las huellas de unos pies ensangrentados 
sobre la roca dura; 
los despojos de un alma hecha jirones 
en las zarzas agudas, 
te dirán el camino 
que conduce a mi cuna.

¿Adónde voy? El más sombrío y triste 
de los páramos cruza, 
valle de eternas nieves y de eternas 
melancólicas brumas; 
en donde esté una piedra solitaria 
sin inscripción alguna, 
donde habite el olvido, 
allí estará mi tumba.